Mujeres mexicanas
      es un artículo de Rosa Rojas publicado en el número 42 de Resumen Latinoamericano.


      MUJERES MEXICANAS

      Han pasado 65 años desde que mi abuela materna, Joaquina, en un genial golpe de intuición, decidió tratar de evitar que sus hijos murieran a causa de la viruela negra que, en Los Arenales, poblado perdido en la Costa Grande de Guerrero, se estaba llevando a los hijos de sus vecinos. Recorrió el caserío y cuando encontró una niña que sólo tenía algunas ronchas de viruela en el cuerpo, le sacó de ellas algo de líquido y con una espina le trasmitió el contagio a sus hijos. Angustiado, mi abuelo Silvino le reprochó: "Ahora sí les vas a dar". "Sí, pero les va a dar de la buena", repuso ella. Y así fue. La Joaqui tenía apenas alguna instrucción. Mi madre, Lilia, no alcanzó a terminar la primaria porque no había escuela en Los Arenales. Con el tiempo ha podido atestiguar la llegada de la escuela y el centro de salud a aquel su pueblo, que aislaban las crecidas del río San jerónimo.

      Lilia tuvo que trabajar a los 14 años, luego de que su padre cayera asesinado en la lucha por la tierra, allá cuando Lázaro Cárdenas. A los 15 y medio se casó y llegó a tener siete hijas. Alguna vez me confesó que no habríamos sido tantas si hubiera conocido entonces los anticonceptivos. Ella y sus hijas hemos visto el desarrollo de este país, fortalecerse la seguridad social -que el abandono oficial ha deteriorado aceleradamente- y, favorecidas por la escuela pública gratuita y las mayores oportunidades para las mujeres que se iban abriendo, algunas incursionamos en la universidad. Viuda, si no fuera por la ayuda de sus hijas y su actividad en el comercio informal, ella llevaría una vida miserable -como le ocurre a miles de mujeres- con los 840 pesos mensuales (84 dólares) que recibe de pensión. Lilia ha trabajado toda su vida, primero para educar a sus hermanos, después a sus hijas, al tiempo que realizaba las labores del hogar y ayudaba a mi padre, Cristóbal, que lo mismo vendió zapatos en el mercado que -autodidacta- llegó a dirigir un periódico semanario. Sin embargo su trabajo nunca ha sido reconocido socialmente como tal, ni siquiera en los censos. Todavía para la sociedad patriarcal las amas de casa "no trabajan". Igual que millones de mujeres en el mundo, ella no tiene derecho a una jubilación.

      En Guerrero, como en Chiapas, en Hidalgo y Oaxaca, zonas de fuerte conflictiva social, o como en Michoacán, Guanajuato y Zacatecas, entidades que la miseria convierte en zonas de expulsión de mano de obra, decenas de poblados son sitios habitados sólo por mujeres, ancianos y niños, adonde no llegan, o apenitas lo hacen, los beneficios de los programas que con arduos esfuerzos arrancaron a los países, incluido el nuestro, movimientos sociales que, como el de las feministas, en las últimas dos décadas lograron la implantación de programas como el de salud materno infantil, prevención del cáncer cérvico uterino, planificación familiar... Estos programas resultan sólo paliativos cuando la política neoliberal impuesta por el gobierno mexicano bajo la presión de organismos como el Fondo Monetario Internacioal y el Banco Mundial, ha ocasionado, según cálculos del Foro Nacional de Mujeres y Políticas de Población, que la pobreza -que en 1994 afectaba al 69 por ciento de la población- creciera en perjuicio de otros 10,6 millones de mexicanos hasta 1996. Estos, mientras 15 personas concentraban el 9 por ciento de la riqueza nacional.

      Paralelamente el foro denunció la reducción de los recursos destinados a la salud y bienestar de la población. Esto al tiempo que aumenta la desnutrición a causa del desempleo y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. De acuerdo con las cifras de esta organización, el presupuesto destinado a salud reproductiva se redujo en un 33 por ciento en los últimos 3 años, una proporción mayor de lo que fue la reducción -21 por ciento- del presupuesto del sector de la salud. La participación de las mujeres en la actividad económica remunerada ha ido creciendo. En 1970, sólo el 18 por ciento de las mujeres estaban entre la población económicamente activa. En 1995 la cifra fue ya del 35 por ciento, lo que se compara muy desfavoblemente con la de los hombres, que fue del 80 por ciento, según el Consejo Nacional de Población (Conapo).

      Además, al revés de lo que ocurría antes, son las mujeres que tienen pareja las que han aumentado su participación de manera importante, lo que significa que cada vez en mayor proporción agregan a la responsabilidad de la crianza y cuidado de los hijos, la del trabajo extradoméstico porque tampoco se ha logrado una distribución más equitativa de las responsabilidades domésticas. Lo anterior se agrava en los hogares dirigidos sólo por mujeres, que son, según la misma dependencia, más de 3,5 millones de hogares, es decir, el 18 por ciento del total a nivel nacional, que llega a 21 millones, pero la cifra asciende en el Distrito Federal, donde según Promujer, el 21 por ciento de los hogares se encuentra en esta situación. Para peor, 83.000 de estas jefas de hogar no tienen un ingreso fijo, 120.000 perciben menos de dos salarios mínimos y apenas 179.000 cuentan con dos o más salarios mínimos.

      El Conapo reconoce además que todavía las mujeres siguen ganando menos que los hombres. Y respecto al acceso de los mujeres a los ámbitos de decisión, sólo uno de cada 10 funcionarios en mandos superiores dependientes del Poder Ejecutivo es mujer. De 11 magistrados de la Suprema Corte, sólo una es mujer. Entre legiones de gobernadores y secretarios de Estado que ha habido en la historia moderna mexicana, únicamente se cuentan tres gobernadoras y sólo ocho mujeres han ocupado una Secretaría de Estado. Ha habido algunos avances, sí, hay algunos programas y leyes favorables a las mujeres, pero éstas se incumplen con demasiada frecuencia, al punto que, por ejemplo, se ha tenido que recurrir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para denunciar las violaciones a los derechos de las trabajadoras de las maquiladoras de exportación. En este sector industrial -segunda fuente de divisas para el país después del petróleo- se exigen a las trabajadoras pruebas de no embarazo y se las expone a condiciones insalubres. Y nada ni nadie ha podido frenar, ya no digamos los maltratos y las violaciones, el vergonzoso extremo de que tan sólo en Ciudad Juárez, Chihuahua, de 1993 a la fecha han sido ultrajadas, 190 mujeres, la mayoría jóvenes trabajadoras de las maquiladoras.

      En el curso de su vida, que alcanza ya arañar las goteras del siglo XXI, mi madre ha logrado atestiguar grandes avances tecnológicos y sociales de la humanidad, entre ellos la virtual erradicación de la viruela. Pero aún está esperando algo tan elemental como que algún día ella, sus hijas, sus nietas y biznietas puedan salir solas a la calle sin temor de que algún macho mexicano se sienta autorizado a manosearlas, a vejarlas, a violarlas. Y que lo digan si no, las dos mujeres que este 22 de febrero fueron violadas en un minibus en el DF, luego de que tres salvajes asaltaran a los pasajeros. Como millones de mujeres en el mundo, ela y sus hijas hemos visto que hay cosas que se modifican sin que haya cambios de fondo. Algo que me parece revelador de que tenemos que cuestionar el sentido profundo de cómo asumimos las mujeres la libertad y la igualdad, está en la entrevista que "El País Semanal" le hizo -en su número del 14 de febrero pasado- al esposo de la espléndida actríz y activista de causas progresistas Jane Fonda, el "amo" de la CNN, Ted Turner, cuya fortuna personal se evalúa en 5.600 millones de dólares. Ted confesó que no soporta que Jane sea más popular que él. La entrevista informa que, cuando ambos empezaron a salir, en 1991, "Turner era un bebedor, un mujeriego y un hombre propenso a los ataques de ira". Jane lo ha ido reformando desde entonces. "A cambio, Fonda suspendió su carrera cinematográfica -`Ted Turner no es el tipo de hombre que una puede abandonar para irse a rodar; te necesita todo el tiempo´, dijo la actriz-. Y en esta década de los noventa lo ha acompañado a casi todas partes, incluídas excursiones de caza y pesca, los partidos de beisbol del equipo del que él es propietario (el Atlanta Braves) y actos sociales", registra el artículo. ¿De creadora a muñequita de lujo, mamita, amante y resignada esposa?

      Rosa Rojas

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